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Columna: A dos meses del movimiento social de Chile

Desde hace dos meses, el movimiento de resistencia y de rechazo al modelo neoliberal no ha dado tregua. Sin conducción visible, avanza y crece.

Las expresiones artísticas, como también las millares de convocatorias desde colectivos y movimientos populares, moldean y construyen desde abajo otro país.

Todas estas expresiones de fuerza que emergen desde la base le han cambiado la dinámica al país y queda claro que por momentos las clases dominantes y el espectro político se sintieron acorralados/as sin capacidad de respuesta.

Llama la atención cómo se han ido articulando diversas fuerzas y demostraciones de poder. Los y las jóvenes han tenido desde un comienzo un papel protagónico indiscutido y fundamental.

Desde hace dos meses Chile y el cúmulo de dolores y frustraciones han ido dando paso a rebeldías y formas de resistencia inimaginables. Cada uno/a de nosotros/as nos hemos sentido parte de un movimiento que nos ha sacado del andamiaje individualista, pasando a ser parte ahora de un proceso colectivo con independencia y capacidad propia que se desea construir.

Repensar la política desde abajo, desde la comunidad instalada en distintas poblaciones y lugares de trabajo, colegios y universidades.

Nos dimos cuenta que teníamos una comunidad de intereses enormes y que solo de forma colectiva podemos generar cambios sustanciales.

Descubrimos que las frustraciones no son el error, el fracaso individual, sino el sometimiento, la dominación colectiva. Un país que hace pocos meses solo hablaba de consumo y deudas hoy discute sobre asamblea constituyente y sobre cómo levantar una sociedad más justa e igualitaria.

La gran defensa del modelo neoliberal y de sus representantes políticos, ha caído derrotada porque no tiene nada que ofrecer. Solo aferrarse a la economía de mercado, no podrá satisfacer jamás las demandas de la población. No lo hará porque su diseño y objetivo no es ese sino el lucro y la máxima rentabilidad de sus inversiones.

El pueblo movilizado apunta y denuncia a un régimen, que representa en estos momentos Sebastián Piñera.

El millonario ha hecho lo único que sabe hacer: especular, que es también mentir, manipular los tiempos, las comunicaciones y las emociones. Y en este proceso, que tiene como fin primordial y último el rescate del orden de mercado tal como ha existido durante las últimas cuatro décadas, ha errado y magnificado la crisis.

Este Presidente ha mostrado en un tiempo récord su escaso espesor moral. Desde el estallido de octubre Chile bajo su gobierno ha resucitado los fantasmas más crueles de la pasada dictadura.

Cuántas veces las agrupaciones de derechos humanos han gritado “Nunca Más” y cuántas veces hoy se han violado de forma reiterada, diaria, los derechos humanos de la población. El resguardo de un orden económico y político no merece las decenas de muertes y miles de mutilados/as, heridos/as, golpeados/as, violados/as, y detenido/as. No merece que el pueblo sea víctima de su guerra y sus masivas persecuciones.

Piñera y el régimen no accederán a ninguna demanda. Bajo su gobierno no se acabarán las AFP, no se pondrá fin al lucro en la educación ni la salud, ni a los créditos usureros ni a un país y una sociedad que vive bajo las órdenes de los grandes capitales y del lucro generalizado. En este momento él y su gobierno son un dique que frena las demandas ciudadanas. Una contención que no considera el aumento diario de la presión.

La semana pasada ocurrió uno de los eventos más graves, aun cuando predecibles, del proceso iniciado en octubre. El rechazo a la acusación constitucional contra el presidente Piñera por parte de toda la coalición oficialista de Chile Vamos y con la necesaria ayuda de ocho diputados opositores, hoy apuntados por el pueblo en redes como “traidores”, ha sido el candado a este muro de contención. Una clausura que evita dar curso a las demandas de la población movilizada y de paso pulveriza a gran parte de la clase política que cierra filas con el gobierno.

Estos acuerdos son una regresión a las nefastas políticas de los consensos, pacto entre las elites y los grandes poderes en las sombras, a espaldas de los movimientos.

Con el rechazo a la acusación constitucional contra el presidente, la clase política en el Congreso justifica las violaciones a los derechos humanos y cierra la posibilidad de dar cauce a cambios políticos y económicos de mayor profundidad. Una opción que busca retardar una crisis política que tarde o temprano será inevitable.

A dos meses los informes de organismos internacionales respecto a los derechos humanos son lapidarios y tajantes.

Los delitos de lesa humanidad no cesan y nos plantean exigencias enormes. La principal de todas es parar de una vez las prerrogativas que tiene Carabineros. En 30 años de democracia con ropaje dictatorial uno descubre que una de las demandas urgente que acompañaran a una nueva constitución es y será terminar con esta institución abominable marcada por la cruel violencia política que ejerce sin tapujos.

Escribe: Agua Sideral.